El exvicepresidente de finanzas de los Hawks de Atlanta, Lester T. Jones Jr., fue sentenciado a tres años y cinco meses de prisión federal tras admitir un esquema de fraude que le permitió desviar cerca de 3.7 millones de dólares del equipo.
La condena fue anunciada por autoridades federales en Estados Unidos, luego de que el exdirectivo, de 46 años, se declarara culpable en diciembre de fraude electrónico. Durante casi una década dentro de la organización, entre marzo de 2016 y junio de 2025, Jones ocupó distintos cargos en el área financiera hasta convertirse en vicepresidente senior, con control directo sobre cuentas corporativas y el sistema de reembolsos.
De acuerdo con fiscales, el mecanismo fue constante y metódico. Jones presentó decenas de solicitudes de reembolso por gastos inexistentes, logrando que la franquicia cubriera consumos personales como si fueran operaciones del equipo. A esto se sumó el uso indebido de tarjetas corporativas, con cargos que incluían viajes internacionales, artículos de lujo y entretenimiento.
Gastos de lujo
Entre los gastos detectados figuran más de 80 mil dólares en viajes a Bahamas y Tailandia, casi 100 mil en compras en Saks Fifth Avenue, un anillo de diamantes valuado en 115,795.01 dólares, relojes Omega por más de 21 mil dólares y más de 160 mil en boletos para conciertos y eventos deportivos.
El fiscal federal Theodore S. Hertzberg señaló que Jones convirtió su puesto en una vía para el enriquecimiento personal. Afirmó que el caso refleja cómo el abuso de confianza dentro de una organización puede derivar en pérdidas millonarias y consecuencias penales inevitables.
Desde la investigación, el Federal Bureau of Investigation destacó que este tipo de delitos financieros, aunque sofisticados en apariencia, dejan rastros que permiten su detección. El agente especial Marlo Graham subrayó el impacto que generan las amenazas internas en estructuras corporativas y reiteró el compromiso de perseguir estos delitos.
La franquicia de Atlanta no emitió comentarios tras conocerse la sentencia.
El caso deja expuesta una grieta silenciosa dentro del deporte profesional. No ocurre en la cancha ni frente al público. Se gesta en oficinas donde la confianza es parte del sistema. Y cuando se rompe, el costo no solo se mide en dinero.
Excélsior
